Subjetividad y Contexto Social Figuras en Mutación Dra. Denise Najmanovich

Subjetividad y Contexto Social
Figuras en Mutación
Dra. Denise Najmanovich•

“No hay método no hay receta
sólo una larga preparación”
G. Deleuze

Si el siglo XX comenzó bajo el signo de la esperanza, el XXI está empezando marcado por la nostalgia, el desencanto y el desconcierto. La noción de progreso y la promesa de una “aurora paradisíaca” actuaron en el siglo pasado como fuente energética y atractores de la voluntad de acción humana, al mismo tiempo que funcionaban como bálsamo frente a las frustraciones.
George Steiner en su magnífica obra “Nostalgia del Absoluto” nos dice que en los inicios de la Modernidad “la descomposición de una doctrina cristiana globalizadora había dejado en desorden, o sencillamente en blanco, las percepciones esenciales de la justicia social, del sentido de la historia humana, de las relaciones entre la mente y el cuerpo, del lugar del conocimiento en nuestra conducta moral ”. Ese espacio vacío fue  poblado por lo que el autor denomina “teologías laicas”, destacándose entre ellas el marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo. Coincido con esta apreciación de Steiner, aunque la considero en extremo restrictiva, puesto que puede pensarse al cientificismo en general como la doctrina vicaria que vino a ocupar el lugar vacante de la teología (y esto sólo parcialmente, porque la “teología religiosa” goza aún hoy de muy buena salud, pese a todas las muertes anunciadas). Gracias a los éxitos resonantes de las aplicaciones tecnológicas del saber científico en amplios dominios del quehacer humano, al vértigo producido por el vacío de sentido sobrevino la esperanza en un nuevo amanecer. La fe depositada en los altares divinos se tornó crédito ilimitado hacia la ciencia. Un credo sustituyó a otro credo. La ilusión de que el conocimiento nos daría las herramientas necesarias y suficientes para alumbrar un mundo cada vez mejor impregnó las prácticas y las teorías formando una corriente dominante en Occidente. La salvación, otrora potestad divina, llegaría finalmente de la mano del conocimiento. La fruta que Dios había prohibido, la que causó la “caída” del Paraíso, se convirtió en la fruta que habría de salvarnos y llevarnos  nuevamente allí (un pequeño cambio de localidad del cielo a la tierra transforma la obra pero no su pertenencia al género épico con final feliz y predeterminado).

E-CAMPUS

E-CAMPUS E-CAMPUS

USUARIOS REGISTRADOS USUARIOS REGISTRADOS

E-MAIL

CONTRASENA

Olvide mi contrasena

USUARIOS REGISTRADOS SI USTED NO ESTA REGISTRADO

Para descargar los textos de nuestra biblioteca o dejarnos un comentario debera [+] registrarse