Complejidad, Interdisciplina y Psicoanálisis Un diálogo en varios tiempos. Dra. Denise Najmanovich*
Complejidad, Interdisciplina y Psicoanálisis
Un diálogo en varios tiempos.
“Pensar es cambiar de ideas”
Connie Palmen
En nuestro país y en el mundo ha habido una larga tradición de debates entre epistemólogos y psicoanalistas. Sin embargo, y aunque resulte paradójico podemos afirmar que ha habido muy poco diálogo. Esta afirmación se sustenta en una concepción dialógica que va más allá de las idas y vueltas argumentales para para afincarse en las prácticas de inter-cambio fecundo entre pares. Desde hace más de un siglo que se escuchan las voces más o menos altisonantes, muchas veces soberbias, casi siempre aguerridas de epistemólogos y metodólogos que instan a los psicoanalistas a adherirse de una vez por todas al “método científico” o a exiliarse en los territorios degradados de la “pseudociencia”, la “opinión” o la “ficción”. Desde esta postura es impensable un diálogo, el positivismo sólo exige sumisión. Lamentablemente estos discursos no provienen sólo del exterior del psicoanálisis, sino que se propagan muchas veces desde dentro de la propia comunidad. Han sido muy pocos los pensadores que en la Modernidad lograron sustraerse al canto de sirenas del “método científico”, la mayoría ha reaccionado desde el lamento, mientras otros contestaron desde la jactancia pero todas las prácticas como las teorizaciones psicoanalíticas han sido siempre gravemente perturbadas y muchas veces han sucumbido al “hechizo del método”.
El objetivo de este trabajo es abrir una nueva perspectiva, buscar caminos para desachatar la concepción del sujeto y del conocimiento que el positivismo y la mentalidad moderna redujeron, que el empirismo ingenuo limitó y que el romanticismo envolvió en una densa capa de efluvios inasibles. Para ello me he permitido construir puentes entre la reflexión epistemológica y la obra freudiana, buscando caminos de fertilización cruzada entre ambas disciplinas, en lugar de pretender hacer “volver al redil de la ciencia a la oveja descarriada”. Fue justamente Freud el pensador que se atrevió a intentar abordar la complejidad de la vida subjetiva, que se dio cuenta de la futilidad de limitarse a esquemas completamente mecánicos y que rompió de hecho con los chalecos metodológicos que impedían pensar al sujeto en su especificidad. Quienes todavía hoy aúllan a la cientificidad son los que más alejan al psicoanálisis de la ciencia y el pensamiento contemporáneos que desde hace ya varias décadas ha comenzado a “hacer el camino” de la complejidad, y están pidiendo un retroceso al mundo de la simplicidad, del mecanicismo, de la conservación y la linealidad.
La posición desde la que he construido esta reflexión surge de la visualización del fracaso sistemático de las pretensiones de limitar las ciencias humanas en general y al psicoanálisis en particular dentro de unos supuestos de ortodoxia científica que hoy ya no se tienen en pie ni siquiera para las ciencias exactas. Desde esta mirada, resulta claro que no es más positivismo lo requiere el psicoanálisis, ni más ortodoxia metodológica, sino todo lo contrario.
A diferencia de los epistemólogos clásicos que piensan a las teorías como entidades abstractas flotando en el cielo platónico, los pensadores post-positivistas sostenemos que es imprescindible historizar para comprender. Necesitamos explorar la tierra nutricia donde los pensamientos han surgido, desplegar los contextos sociales e históricos que les han dado vida y sentido, encontrar los lazos con los modos vinculares y los esquemas institucionales que los han parido y sostenido. De la misma manera, concebimos que el diálogo interdisciplinario emerge en el seno de la experiencia social, en una cultura con historia, en un paisaje de relaciones asimétricas, de trayectorias intrincadas en las que se gestan las necesidades, deseos y posibilidades de acción de los sujetos y las comunidades que intervienen. El diálogo está condicionado por la historia y el marco institucional, por las interdicciones y deberes supuestos, por el lenguaje heredado, por las teorías e instrumentos disponibles que marcan tanto la posibilidad como la imposibilidad de los encuentros y los espacios que darán lugar –o no- a un intercambio fecundo, o a una exigencia de sumisión, o a un arrasamiento de la diversidad y la singularidad, o una co-construcción de sentido en evolución abierta.
Freud fue un precursor del pensamiento multidimensional y hoy su pensamiento, visto a la luz de los enfoques epistemológicos de la complejidad, puede ayudar a enriquecer tanto a la epistemología como colaborar en la superación de los marcos conceptuales que impedían un pensamiento más poderosamente dinámico y creativo en las teorizaciones psicoanalíticas. En este trabajo intento comenzar un camino en ese sentido y para ello consideraré una obra “iniciática” del pensamiento freudiano el “Proyecto de una Psicología para Neurólogos” desde un lenguaje y un marco conceptual contemporáneo.
La elección de esta obra "subterránea" de Freud obedece a diversas razones : en primer lugar se trata de una obra fundacional (1895) que puede permitirnos rastrear el origen de muchos de los principales conceptos y principios explicativos del psicoanálisis. Es además una obra fronteriza, que intenta crear lazos entre la psicología y la neurología y en la cual se gestan diversas guías heurísticas fundamentales como por ejemplo el concepto de pulsión, el principio de constancia, el principio de placer, y conceptualización sobre la organización del yo, que aunque luego tomaron formas más definidas ya están esbozadas en esta obra temprana. Por otra parte, en el Proyecto se pueden encontrar pregnancias metafóricas muy fuertes de conceptos básicos de la física y la biología, que en obras posteriores aparecen cortadas de sus orígenes. Finalmente se trata de una obra en que es notorio el enfoque complejo y multidimensional de Freud que caracterizará a todo su enfoque metapsicológico desde el comienzo, pues ya se esbozan claramente los planos de análisis tópico, dinámico y económico y su interacción permanente en la producción de la historia del sujeto.
Al mismo tiempo veremos cómo Freud no se atuvo jamás a un método a priori, no quedó atado a los prejuicios iniciales, sino que buscó siempre nuevos caminos y sentidos que le permitieran dar cuenta de las problemáticas que se le iban presentando. Su obra es un modelo de producción interdisciplinaria, de atravesamiento de fronteras, de ligazones fértiles y conjeturas audaces, en una búsqueda de producción de sentido que abrevaba en múltiples fuentes. Dialogar con Freud es abrirse a una multiplicidad de oportunidades y saberes, en cambio, aceptar la sumisión a una metodología única preestablecida es cerrar las puertas al intercambio, al encuentro fecundo con otras metáforas y modelos, a la creación y, fundamentalmente, a pensar la subjetividad.
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